En un entorno donde cada decisión puede marcar la diferencia entre liderar o quedarse atrás, los retails, utilities, edificios y empresas ya no pueden permitirse reaccionar tarde. La forma tradicional de operar, donde se actúa solo cuando aparece un problema, está quedando obsoleta.
Gracias al Internet de las Cosas (IoT) ahora es posible anticiparse, prever y tomar decisiones en tiempo real. Pero el verdadero salto ocurre cuando ese flujo constante de datos se combina con Inteligencia Artificial (IA), dando paso a un modelo donde el IoT se convierte en el combustible que alimenta los algoritmos predictivos de la IA.