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De medir a gestionar: el nuevo estándar en sustentabilidad empresarial

Durante años, la sustentabilidad ha estado marcada por reportes, estimaciones y planes de acción difíciles de medir en la práctica. Sin embargo, en la operación diaria de industrias, edificios y activos críticos, la realidad es distinta: una parte relevante de los recursos se sigue desperdiciando sin ser detectada.

Distintos estudios internacionales estiman que hasta un 25% de la energía en edificios se pierde por ineficiencias operativas que no son visibles en los sistemas tradicionales de medición. A esto se suma el caso del agua, donde pérdidas como fugas no detectadas pueden representar entre un 10% y un 30% del consumo total en infraestructuras sin monitoreo continuo, según la International Water Association en sus estudios sobre Non-Revenue Water. En ambos casos, el problema no es la falta de iniciativas, sino la falta de información oportuna y accionable para la operación.

Hoy, el estándar global está evolucionando hacia un modelo distinto, donde la sustentabilidad deja de ser un ejercicio declarativo y pasa a convertirse en una capacidad operativa basada en datos en tiempo real.

De medir a gestionar: el cambio de paradigma

Los sistemas tradicionales de medición fueron diseñados para registrar consumo, no para gestionarlo. Entregan información tardía, agregada y poco accionable, lo que limita la capacidad de las organizaciones para reaccionar a tiempo frente a desviaciones o ineficiencias.

En contraste, los sistemas de medición inteligente permiten capturar datos en intervalos continuos, habilitando monitoreo remoto y, en muchos casos, interacción bidireccional con los activos. Esto no solo permite observar lo que ocurre, sino también intervenir, ajustar y optimizar la operación.

Impacto tangible en electricidad, agua y gas

Cuando la información se vuelve continua y accesible, el impacto es inmediato. En el caso de la electricidad, distintos estudios muestran que el solo hecho de contar con visibilidad en tiempo real puede generar reducciones de consumo de entre un 3% y un 5%, mientras que la incorporación de analítica y gestión activa puede llevar esos ahorros a rangos significativamente mayores, alcanzando hasta un 20% en escenarios con optimización operativa y uso intensivo del dato, como evidencian investigaciones en eficiencia energética y gestión basada en medición inteligente ScienceDirect.

En el caso del agua, el valor es incluso más evidente en la detección de pérdidas. La medición inteligente permite identificar patrones anómalos, como consumos continuos fuera de horario, que suelen ser indicativos de fugas. Experiencias internacionales muestran reducciones cercanas al 10% del consumo tras la implementación de sistemas de medición y control, especialmente en contextos urbanos con monitoreo activo, como se describe en estudios sobre gestión de pérdidas de agua impulsados por la International Water Association.

En gas, el impacto combina eficiencia y seguridad. La capacidad de monitorear en tiempo real permite detectar anomalías, prevenir riesgos operacionales y optimizar el uso del recurso, especialmente en industrias donde el consumo es crítico. Estudios sobre eficiencia energética muestran que el acceso a información de consumo puede generar reducciones medibles en el uso de gas, impulsadas por mayor visibilidad y control, como se analiza en reportes del International Energy Agency.

Operación remota: eficiencia más allá del consumo

Uno de los cambios más relevantes que introduce este tipo de tecnología no está solo en el consumo de recursos, sino en la forma en que las organizaciones operan.

La posibilidad de monitorear activos en forma remota reduce significativamente la necesidad de inspecciones en terreno, disminuyendo costos operativos y tiempos de respuesta. Al mismo tiempo, permite centralizar la información, simplificar la gestión de múltiples instalaciones y tomar decisiones basadas en datos consolidados.

Esta capacidad de gestión remota, combinada con la posibilidad de enviar comandos o automatizar respuestas, transforma la operación en un sistema significativamente más eficiente. No solo se optimizan recursos como electricidad, agua o gas, sino también la estructura operativa que los sostiene.

En ese sentido, la sustentabilidad deja de ser un área aislada y pasa a integrarse directamente en la operación del negocio.

El dato como motor de cambio cultural

Más allá de la eficiencia técnica, existe un efecto menos visible pero igual de relevante: el cambio en el comportamiento organizacional.

Cuando las empresas acceden a información clara y en tiempo real sobre su consumo, se genera una mayor conciencia interna. Las desviaciones dejan de ser abstractas y se vuelven evidentes, lo que facilita la toma de decisiones y promueve una cultura de optimización continua.

Este cambio es clave para avanzar desde una sustentabilidad basada en reportes hacia una sustentabilidad basada en gestión. No se trata solo de cumplir con indicadores, sino de integrar el uso eficiente de recursos en la operación diaria.

Un estándar global que avanza más rápido que Chile

A nivel internacional, la medición inteligente ya forma parte de la infraestructura base de las redes energéticas y de gestión de recursos. Países de Europa, Estados Unidos y Asia han impulsado su adopción no solo como una herramienta de eficiencia, sino como un habilitador de la transición energética.

Estos sistemas permiten integrar energías renovables, gestionar la demanda en función de la disponibilidad y mejorar la resiliencia de las redes. En ese contexto, la medición deja de ser un elemento pasivo y pasa a ser un componente estratégico del sistema energético.

En Chile, si bien existen avances, la adopción aún es incipiente en muchos sectores, especialmente fuera del ámbito de las utilities y grandes infraestructuras. Esto abre una brecha, pero también una oportunidad para las empresas que decidan adelantarse.

Regulación y presión creciente

El contexto regulatorio en Chile está comenzando a alinearse con esta tendencia. La Ley de Eficiencia Energética exige a grandes consumidores implementar sistemas de gestión energética, lo que implica necesariamente contar con datos confiables y oportunos.

A esto se suma la creciente presión por reportar indicadores ESG, donde la trazabilidad y calidad de los datos se vuelven cada vez más relevantes. Marcos internacionales como los promovidos por la Global Reporting Initiative están empujando a las empresas a reemplazar estimaciones por mediciones reales y verificables. 

En el sector inmobiliario, certificaciones como LEED  o EDGE también exigen monitoreo continuo y optimización del desempeño energético e hídrico, incorporando el uso de datos como base para la evaluación.

En conjunto, estos factores están empujando a las empresas hacia un modelo donde la gestión de recursos ya no es opcional, sino una condición necesaria para cumplir con estándares regulatorios, ambientales y competitivos.

La brecha actual y la oportunidad

A pesar de este escenario, muchas organizaciones siguen operando con sistemas fragmentados, mediciones manuales y datos que llegan demasiado tarde para ser útiles. Esto limita su capacidad de reacción y dificulta la optimización real de sus recursos.

La brecha entre lo que exige el entorno y lo que ocurre en la práctica es evidente. Sin visibilidad en tiempo real, la gestión se vuelve reactiva, y la sustentabilidad queda reducida a un ejercicio declarativo.

Por el contrario, las empresas que están incorporando monitoreo continuo, gestión remota y analítica avanzada están logrando reducir costos, mejorar su desempeño ambiental y tomar decisiones más informadas.

La sustentabilidad empresarial está entrando en una nueva etapa. Ya no se trata solo de definir objetivos o reportar indicadores, sino de construir capacidades reales para gestionar recursos en forma eficiente.

En ese camino, el acceso a datos en tiempo real sobre electricidad, agua y gas se vuelve fundamental. No como un fin en sí mismo, sino como la base sobre la cual se toman decisiones operativas y estratégicas.

Porque en la práctica, la diferencia es clara: cuando no hay datos, la sustentabilidad es una intención. Cuando los datos están disponibles y se utilizan correctamente, se convierte en una ventaja competitiva.

En este contexto, soluciones como Zensi permiten cerrar esta brecha, integrando monitoreo en tiempo real, analítica avanzada y gestión centralizada de consumos en una sola plataforma. Más allá de la medición, el valor está en transformar los datos en decisiones concretas que impacten directamente en la operación, los costos y el desempeño sustentable de las organizaciones.

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